Monday, November 23, 2009

Federico García Lorca y La Homosexualidad




Uno de los poetas más conocido del mundo hispano es Federico García Lorca. La fama de sus obras se centraba en la controversia de sus temas homosexuales. Lorca era poeta, dramaturgo, y director de teatro que luchaba por el equilibro todo su vida. Estaba en conflicto su vida profesional como un escritor exitoso con su vida personal como un homosexual atrapado por los normas de la sociedad. En España él era residente de la Residencia de Estudiantes, un foco de la vida homosexual. También era un miembro del núcleo de homosexuales de la Generación del 27. España sufrió mucho cambio entra la vida de Lorca según muchas cambias gubernamentales. El 18 de julio 1936 ocurrió la sublevación militar en España contra la Segunda República. Aunque no demostraría que hubiera una persecución abierta de los homosexuales, las preferencias de género podrían afectar el encarcelamiento o la ejecución. Lorca, quien había confesado su homosexualidad, fue ejecutado por ‘rojo y maricón’ según declaraciones de Ruiz Alonso.

Su obra “Oda a Walt Whitman” fue publicado en parte en México en 1934, pero nunca había publicado en España cuando Lorca estaba vivo. La totalidad de la poema fue publicado por la primera vez en “Poeta en Nueva York” en 1940. Fue uno de muchas obras retenidos de Lorca por contento sexual, específicamente homosexual. Lorca escribía de ideales tabú que la sociedad española no aceptaron en su tiempo. Tenía la idea que el impulso sexual es intrínsecamente bueno y poderoso. Los sentimientos pueden ser evitados pero no negados. Cuando se reprime impulso sexual, lo reapareciera en lugares inesperados. También Lorca creía que la liberación sexual es relacionado a la justicia social. Luego su ideología es que los homosexuales quienes no procrean son los creadores culturales. Todos estos pensamientos de Lorca son reflejados en “Oda a Walt Whitman”. La poema se encuentra en la atmósfera confusa y agitada de nueva York que encontró Lorca durante su viaje. Los longitudes diferentes de las líneas y las estrofas irregulares son un reflección de la vida inquieta de Nueva York. También la poema es lleno con los imágenes homoeróticas que expresan el amor prohibido. “Oda a Walt Whitman” alaba a la caridad del poeta Walt Whitman. Ambos Lorca y Whitman eran homosexuales y los dos rechazaron a la intolerancia de la sociedad por el amor del mismo sexo.

El narrador de la poema expresa muchos sentimientos homofóbicos. Pero él ve la sexualidad de Whitman como pura y sincero. La distingue de la violencia y la autosatisfacción de las relaciones homosexuales en zonas urbanas. El narrador prefiere el amor sobre encuentros sexuales sórdidos. El narrador discute la época clásica y la época bíblica que estaban lleno de grandeza mientas el estado actual de Nueva York esta roto y sucio. En las épocas clásica y bíblica había gran respecto por la sensibilidad en el amor, pero en el presente el amor es egoísta. Whitman es asociado con el mundo natural mientras las homosexuales urbanos son animalistas y salvajes. El narrador no denuncia todos los homosexuales, simpatiza con los confundidos y perdidos en la búsqueda de definir su sexualidad. La poema termina con la prometa de amor pacífica.

"Oda a Walt Whitman"

Por el East River y el Bronx

los muchachos cantaban enseñando sus cinturas,


con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo.


Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas

y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.

Pero ninguno se dormía,


ninguno quería ser el río,


ninguno amaba las hojas grandes,


ninguno la lengua azul de la playa.

Por el East River y el Queensborough


los muchachos luchaban con la industria,


y los judíos vendían al fauno del río


la rosa de la circuncisión


y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados


manadas de bisontes empujadas por el viento.

Pero ninguno se detenía,


ninguno quería ser nube,


ninguno buscaba los helechos

ni la rueda amarilla del tamboril.

Cuando la luna salga


las poleas rodarán para tumbar el cielo;


un límite de agujas cercará la memoria


y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.

Nueva York de cieno,


Nueva York de alambres y de muerte.


¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?


¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?


¿Quién el sueño terrible de sus anémonas manchadas?

Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,


he dejado de ver tu barba llena de mariposas,


ni tus hombros de pana gastados por la luna,


ni tus muslos de Apolo virginal,

ni tu voz como una columna de ceniza;


anciano hermoso como la niebla


que gemías igual que un pájaro


con el sexo atravesado por una aguja,


enemigo del sátiro,


enemigo de la vid


y amante de los cuerpos bajo la burda tela.


Ni un solo momento, hermosura viril


que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,


soñabas ser un río y dormir como un río
c

on aquel camarada que pondría en tu pecho


un pequeño dolor de ignorante leopardo.

Ni un sólo momento, Adán de sangre, macho,


hombre solo en el mar, viejo hermoso Walt Whitman,


porque por las azoteas,


agrupados en los bares,


saliendo en racimos de las alcantarillas,


temblando entre las piernas de los chauffeurs


o girando en las plataformas del ajenjo,


los maricas, Walt Whitman, te soñaban.

¡También ese! ¡También! Y se despeñan


sobre tu barba luminosa y casta,


rubios del norte, negros de la arena,


muchedumbres de gritos y ademanes,


como gatos y como las serpientes,


los maricas, Walt Whitman, los maricas


turbios de lágrimas, carne para fusta,


bota o mordisco de los domadores.

¡También ése! ¡También! Dedos teñidos


apuntan a la orilla de tu sueño


cuando el amigo come tu manzana


con un leve sabor de gasolina


y el sol canta por los ombligos


de los muchachos que juegan bajo los puentes.

Pero tú no buscabas los ojos arañados,


ni el pantano oscurísimo donde sumergen a los niños,


ni la saliva helada,


ni las curvas heridas como panza de sapo


que llevan los maricas en coches y terrazas


mientras la luna los azota por las esquinas del terror.

Tú buscabas un desnudo que fuera como un río,


toro y sueño que junte la rueda con el alga,


padre de tu agonía, camelia de tu muerte,


y gimiera en las llamas de tu ecuador oculto.

Porque es justo que el hombre no busque su deleite


en la selva de sangre de la mañana próxima.

El cielo tiene playas donde evitar la vida


y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.

Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.


Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía.


Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,


la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,


los ricos dan a sus queridas


pequeños moribundos iluminados,


y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.

Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo


por vena de coral o celeste desnudo.


Mañana los amores serán rocas y el Tiempo


una brisa que viene dormida por las ramas.

Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whítman,


contra el niño que escribe


nombre de niña en su almohada,


ni contra el muchacho que se viste de novia


en la oscuridad del ropero,


ni contra los solitarios de los casinos


que beben con asco el agua de la prostitución,


ni contra los hombres de mirada verde


que aman al hombre y queman sus labios en silencio.


Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,


de carne tumefacta y pensamiento inmundo,


madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño


del Amor que reparte coronas de alegría.

Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos


gotas de sucia muerte con amargo veneno.

Contra vosotros siempre,


Faeries de Norteamérica,


Pájaros de la Habana,


Jotos de Méjico,


Sarasas de Cádiz,


Ápios de Sevilla,


Cancos de Madrid,


Floras de Alicante,


Adelaidas de Portugal.

¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!


Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,


abiertos en las plazas con fiebre de abanico


o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.

¡No haya cuartel! La muerte


mana de vuestros ojos


y agrupa flores grises en la orilla del cieno.


¡No haya cuartel! ¡Alerta!


Que los confundidos, los puros,


los clásicos, los señalados, los suplicantes


os cierren las puertas de la bacanal.

Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson


con la barba hacia el polo y las manos abiertas.


Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando


camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.


Duerme, no queda nada.


Una danza de muros agita las praderas


y América se anega de máquinas y llanto.


Quiero que el aire fuerte de la noche más honda


quite flores y letras del arco donde duermes


y un niño negro anuncie a los blancos del oro


la llegada del reino de la espiga.

No comments:

Post a Comment